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Compartiendo
Experiencias
Hoy tenemos para compartir con Usted, estimado lector,
un nota escrita por el Arq° Livingston que muestra de
una forma clara cuales son las apreciaciones que va teniendo
nuestro cliente a lo largo de la construcción de
SU obra. En lo personal he entregado a mis comitentes una
copia de esta nota en las primeras etapas de la relación
profesional y, si bien muchas de las cosas no se pudieron
evitar, al menos él estaba sobre aviso y nos permitió
hacer la obra de una forma más cómoda (eso
si algunas veces los he tenido que visitar en la Unidad
de Cuidados Intensivos de la clínica del barrio ;-)
)
Su cliente ¿en que etapa se encuentra hoy?
EL CLIENTE DURANTE LA OBRA
Arq°. Rodolfo Livingston
El proyecto terminó satisfactoriamente, luego de
haber superado una mínima discusión por alguna evitable
ventanita pormodernista, que apareció en la fachada. Suenan
entonces los violines... y empieza la obra. Se acaba de
iniciar la FASE I: El cliente
esta contentisimo porque en cada visita que hace a la obra
observa cambios impresionantes. Las paredes desaparecen
de un día para otro, si se trata de una reforma, o la casa
crece un piso por semana si es una obra nueva. La velocidad
del hormigón armado es realmente asombrosa. "Quiero decirte
que estoy muy contento. Esto va rapidisimo!, creo
que vamos a terminar antes de lo que pensábamos!"
dice eufórico nuestro cliente
FASE II: Albañilería gruesa
y plomería terminadas, avanzan los revoques. Es entonces
cuando se produce la primera fatídica visita
del domingo. La escena es así: La obra esta, por
supuesto, vacía, sin obreros. Pudiera suceder que llueva,
lo cual empeora todo porque todavía no están terminadas
las aislaciones de la cubierta y caen algunas gotas espaciadas
sobre el contrapiso de cemento. El cliente abre la puerta
y da un paso hacia adelante, en compania de su mujer y de
una amiga "que no es arquitecta ni nada, pero que tiene
mucha idea..." aparece entonces ante la expectativa de los
visitantes, un silencioso panorama cruzado por puntales
de madera irregularmente apoyados en las paredes, una ruinosa
parodia de mesa ubicada en el centro del ambiente, sobre
la cual yacen un pedazo de diario viejo y una botella de
Coca-Cola vacía. Una pila de cajas de cerámica tapa gran
parte de la visión. En un rincón se acumulan escombros que
no alcanzo a llevarse el último container. Dice entonces
el cliente: "este es el living... ¿que te parece?".
La respuesta tarda algunos segundos en abrirse paso entre
el depresivo desorden, enmarcado por las paredes grises
y el olor a humedad.
- Y... queres que te diga la verdad... a mí me parece un
poco chico... ! y además... no es un poco oscuro?. Eso no
es todo. Los deprimidos visitantes coinciden por unanimidad
en otro diagnostico "la obra va lenta" ("No se podría poner
mas gente") o el más contundente "esta obra esta parada".
Las desalentadoras comprobaciones del Domingo se transforman
siempre en el llamado del Lunes al Arquitecto. ¿Cómo explicarle
al cliente, mi querido colega, que es casi imposible percibir
el tamaño de un ambiente atravesado por palos, sin luces,
sin muebles ni plantas? ¿Cómo convencerlo de que los lugares
parecen oscuros por la falta de reflexión de la luz en paredes
sin pintura? ¿Cómo hacerle comprender que la obra parece
lenta porque no crece ni cambia espectacularmente como antes
pero que avanza normalmente?
FASE III Se mueven por la obra
los colocadores de cerámica y se insinúa ya la presencia
de los carpinteros y los pintores. El cliente, el mismo
que durante la demolición (o el hormigón) se mostraba respetuoso
y no intervenía para nada ("lo que vos digas esta bien...
y no me meto... vos sos el que sabe...") avanza directamente
sobre José, el colocador, y le da ordenes. Quizás el pecado
original lo cometió José (¿Como saberlo?) cuando le pregunto
un día, como para romper el hielo: ¿Y?, ¿que le parece?,
¿Cómo esta quedando? ¿Eh?". El cliente, que durante esta
etapa va durante todos los días a la obra,
empieza a percibir como superflua la intervención del arquitecto.
Acaso José no se muestra dócil ante sus requerimientos y
el pintor no cambia los tonos siguiendo sus sugerencias.
Poco después también empieza a percibir como superflua la
intervención del constructor y hasta la del capataz. Una
duda lo asalta ¿y si hubiera hecho la obra directamente
con José, con el pintor y con el carpintero?.
En ese momento se olvido ya por completo de su fascinación
por el proyecto que jamás se le hubiera ocurrido
a él, de la organización de la obra, de lo que significó
haber encontrado un hombre como José, y que además, llegase
en el momento oportuno, etc., etc. Esta crisis alcanza su
clímax el día en que nuestro cliente llega a la obra una
hora antes que su arquitecto y detecta una fila de cerámicos
mal colocados por José. "Vos me pedís que no de ordenes
en la obra - nos dice con aire de suficiencia - pero si
yo no hubiera llegado a tiempo..."
FASE IV: El cliente se mudó
a su nueva casa. Hay una canilla que no cierra y, además,
siempre hay una gotera. O quizas
pase agua por la inflamable lucarna. Por si fuera poco algunos
ambientes no responden a la imagen interna que creció en
la mente del cliente en la etapa de proyecto. En las revistas
de decoración los ambientes parecen tan grandes.
FASE V: La gotera fue arreglada.
La casa tiene, por fin, plantas, cortinas, alfombras y luces
bien ubicadas, sin todo lo cual no existe en la ambientación,
ni la percepción del espacio ambicionado, porque luces,
plantas y cuadritos son casi todo. Entonces los amigos felicitan
a nuestros clientes. Ellos miran desde el living, que ahora
les parece amplio, hacia las plantas del patio...
y se sienten felices. ¿Llamarán a su arquitecto
para decírselo? Por suerte muchas veces sí lo hacen,
y entonces nosotros somos, también, felices.
Conclusión para colegas y clientes: creo que esas etapas
son casi ineludibles, cuando se trata de clientes-usuarios.
Pueden venir con o sin fiebre, pero ocurren. Sus causas
profundas son muy interesantes y escapan a la dimensión
de este espacio. ¿Que se podrá hacer para aliviar la cosa?
Colega: entregue usted a su cliente una copia de este articulo
al iniciar su próxima obra.
De nada
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