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por el Ing. Alfredo Barber (*)
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La pérdida
de vidas humanas y de bienes es una consecuencia casi cotidiana
de la falta de seguridad en el uso de la electricidad. Artefactos,
instalaciones y personas influyen en este resultado, que las autoridades
debieran procurar revertir.
Es notorio que una importante cantidad
de accidentes relacionados con la electricidad son fatales. Una
creciente conciencia sobre esta problemática ha dado lugar a numerosas
normas en vigencia en el ámbito nacional y en algunas jurisdicciones
provinciales y municipales, pero no en la mayor parte de las provincias.
El uso seguro de artefactos e instalaciones
es un compromiso con la vida que todavía es una asignatura pendiente
nuestra región. Dado que estamos en los primeros meses de nuevas
gestiones de gobierno, es quizás éste el momento oportuno para
destacar la importancia de este tema.
Como ejemplo de ello, recordemos que
solamente las tres primeras semanas de marzo permiten contabilizar
tres víctimas fatales en la región (una niña de un año y medio
en Neuquén, y un sargento de policía de 35 años y una niña de
cinco, en Luis Beltrán) y al menos un buen susto, en el local
de Casa Tía de General Roca.
Quizás sea oportuno, entonces, volver
a precisar algunos conceptos que hacen al uso seguro de la electricidad.
Este "uso seguro" involucra tres aspectos
fundamentales y concurrentes
1.- los artefactos,
2.- las instalaciones, y
3.- las personas.
1. LOS ARTEFACTOS
La seguridad eléctrica en artefactos electrodomésticos y de baja
tensión está prevista por los mecanismos establecidos en la resolución
N° 92/98 de la Secretaría de Industria, Comercio y Minería de
la Nación. Esta norma y todas las que le siguieron, conforman
un sistema de seguridad que procura que no salgan a la venta al
público artefactos eléctricos que no cumplan con los denominados
"requisitos esenciales de seguridad". Aquellos artículos que sí
los cumplen, deben acreditar esa condición mediante declaraciones
de los fabricantes, en principio, para luego tener certificados
de ensayos expedidos por laboratorios acreditados para tal finalidad
y ostentar un sello, con la misma obligatoriedad con que hoy los
alimentos tienen fecha de vencimiento.
Todo esto es muy interesante, se aplica
desde hace años en los países desarrollados, pero aquí "no pasa
nada", si se me permite la expresión (poco académica, pero ilustrativa).
¿Porqué? Por dos razones:
- La resolución citada tiene alcance
en la jurisdicción nacional, pero no en el ámbito provincial.
Para ello se requiere que las Provincias adhieran al sistema,
cosa que en la práctica no sucede en nuestra Región.
- Para que el sistema se implemente
en forma real, se requiere una estructura de control de su
cumplimiento. Y para eso no se destinan recursos, ni en Nación
ni en las Provincias.
Además, la poca infraestructura que
en Nación se había implementado en el ámbito de la Dirección Nacional
de Comercio Interior, está siendo revisada por las nuevas autoridades,
quienes han decidido otra estructura funcional, mientras que la
falta de asignación de recursos para implementar el sistema de
control los está haciendo pensar en alguna organización no gubernamental
(ONG) que se haga cargo del tema.
En este sentido se ha avanzado en las
últimas semanas en conversaciones entre dicha Dirección Nacional
y directivos de la APSE (Asociación para la Promoción de la Seguridad
Eléctrica), puesto que ésta ya realiza el seguimiento de la seguridad
en instalaciones, como mencionamos más adelante.
Hasta que algo eficaz se ponga en marcha,
seguramente va a pasar algún tiempo... y más vidas y bienes se
seguirán perdiendo.
Hasta ahora, lo que se ha logrado es
que se dejen de vender artefactos con las clásicas fichas de dos
patas cilíndricas, ahora prohibidas por las disposiciones vigentes:
todos deben tener la ficha de tres patas planas, donde una es
la toma a tierra, conectada a las partes metálicas no conductoras
del aparato (carcasas, manijas, etc.). De esta forma sería prácticamente
imposible que ese artefacto nos propine una descarga eléctrica,
de esas que suelen tener consecuencias fatales.
A decir verdad, esto ya es un avance
y no menor: apunta a proteger la vida de la gente. Pero siempre
y cuando también se actúe sobre el segundo de los aspectos fundamentales
citados más arriba:
2.- LAS INSTALACIONES ELÉCTRICAS
De poco sirve tener artefactos con ficha de tres patas, si no
tenemos donde enchufarlos adecuadamente.
En el mes de agosto de 1971 - hace ya
casi treinta años - la Asociación Electrotécnica Argentina ha
publicado su "Reglamento para la Ejecución de Instalaciones Eléctricas
en lnmuebles"¹, donde - entre muchas otras cosas - se dispone
que todos los tomacorrientes deben ser del tipo de tres patas
planas (con toma a tierra). Si esto se cumpliera, no tendríamos
problemas para enchufar ningún artefacto.
Este Reglamento ha sido adoptado por
una gran parte de las administraciones públicas que entienden
en esta materia, ya sea en forma textual o supletoria a otra reglamentación
propia. Tal es el caso del Ente Nacional Regulador de la Electricidad
(ENRE), quien mediante su Resolución N° 207/95 lo hace de obligatorio
cumplimiento en el ámbito que controla².
También la Municipalidad de Neuquén
lo tiene incorporado en su Código de Edificación. La diferencia
con el ENRE es que, mientras éste ha creado toda una infraestructura³
dedicada a la capacitación, la matriculación de instaladores y
el control del cumplimiento del Reglamento, en la ciudad de Neuquén
nada de esto existe. No hay capacitación, ni electricistas que
deban matricularse, ni seguimiento de que se cumpla con lo establecido
en el Código mencionado.
Me comentaba recientemente una persona
amiga que compró un semipiso de categoría en pleno centro de Neuquén,
que al instalarse comprobó que un tomacorriente no funcionaba.
Llamó a un electricista para solucionar el inconveniente, quien
constató que ¡no había cables! Ciertamente una estafa... que por
suerte al menos no afectó la seguridad de personas y/o bienes.
De nada valen los reglamentos más sofisticados
ni el cuidado de los fabricantes, si las personas que van a usar
los artefactos e instalaciones no practican mínimos hábitos de
seguridad. Estamos llegando al tercer aspecto mencionado más arriba,
es decir...
3.- LAS PERSONAS.
El modo de usar los artefactos e instalaciones
depende, naturalmente, de las personas. El conocimiento de los
peligros que representa un mal uso de la electricidad y la adopción
de prácticas de seguridad cuando nos manejamos con ella, complementa
necesariamente los otros dos aspectos: artefactos seguros e instalaciones
seguras.
Es éste un trípode donde cualquiera
de las patas que falle hace que se desmorone el conjunto: el uso
seguro de la electricidad.
Por ello es
importante que los hábitos de seguridad se incorporen a los diversos
niveles educativos.
Hace no demasiados años atrás hubiera
sido impensable que sean nuestros propios hijos los que nos insten
a no arrojar basura en los bosques, playas, caminos, o a proteger
la naturaleza, en general. Es que en forma casi imperceptible,
pero altamente eficaz, se ha incorporado en la educación la conciencia
del cuidado del medio ambiente.
Del mismo modo podríamos imaginar que
sean los chicos quienes nos marquen que no reemplacemos una ficha
de tres patas por una de dos, o que se corte la luz al cambiar
una lámpara quemada o tantas otras pequeñas y simples prevenciones
que ayudan, nada menos, que a salvar vidas humanas.
La ciudadanía toda tiene la palabra.
Ya sobre el cierre de este artículo,
nos enteramos que en Río Negro se está trabajando para lograr
un acuerdo para la promoción de la seguridad eléctrica. La iniciativa
partiría de la empresa distribuidora de electricidad (EDERSA)
e involucraría al Ente Regulador (EPRE), a la Universidad, a municipios
y colegios varios, y al diario Río Negro. Sería un avance muy
importante y digno de ser destacado.
Pero por otra parte y al principio
de este artículo, instábamos a las autoridades cuya gestión recién
comienza a que se ocuparan del tema de la seguridad eléctrica.
Porque es desde el Estado que deben tomarse las medidas relacionadas
con las normativas para la comercialización de materiales eléctricos
y para la construcción de inmuebles, como para incluir esta temática
en los diversos niveles educativos.
Las muertes por descargas eléctricas
y los incendios por cortocircuitos y sobrecargas son moneda corriente,
como puede verificarse con simplemente leer los diarios.
Parece que fue necesario el "caso Carrasco"
para que se terminara con el servicio militar obligatorio en la
Argentina, mientras que el asesinato de la niña Graciela Mendoza
dio lugar a que se mejore la vigilancia en la terminal de ómnibus
en Neuquén.
¿Qué muerte tan notoria hará falta para
que se comience a trabajar en el uso seguro de la electricidad?
Ing. Alfredo Barber (*)
(*)profesor de Electrotecnia en la Facultad
de Ingeniería de la Universidad Nacional del Comahue Director
del Proyecto de Extensión 'Seguridad Eléctrica" miembro del Consejo
Directivo de la APSE (Asociación para la Seguridad Eléctrica)
Fuente APSE
www.apse.org.ar
apse@apse.org.ar
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