Seguridad, protección, prevención son
palabras que a diario observamos pero que sin embargo al momento
de ponerlas en práctica somos muy selectivos escudándonos
en frases como "a mi no me va a suceder", "acá nunca sucede",
"es muy raro que ocurra", etc. Las víctimas de accidentes
y catástrofes tuvieron que aprender de la propia experiencia
En cuestión de arquitectura se ha dejado de lado la protección
contra la caída de un rayo. Los temas económicos hacen que
no sea incorporado el pararrayos dentro del presupuesto y
el diseño arquitectónico
Históricamente en las ciudades donde no se podía construir
más alto que la iglesia, era ésta la que en la cruz (punto
más alto) tenía un pararrayos, otro de los lugares donde se
sabía que había, era en las estaciones de trenes; por lo tanto
cuando se construía una nueva obra se tenían en cuenta estos
parámetros
La relación respecto del área de protección de un pararrayos,
en forma estimativa, es del triple de su altura medida desde
el suelo
Uno de los mitos populares en cuestión de polo de atracción
de un rayo es que sólo eligen como punto de caída elementos
metálicos y en punta a cierta altura, claro que esto tiene
su origen en el descubrimiento de Benjamin Franklin, pero
hay otros tantos elementos y situaciones de ubicación que
hacen que el efecto electroatmosférico, por ejemplo, sea atraído
por un árbol en medio del campo el que hace de conductor y
descarga a tierra siempre y cuando se encuentre solo y no
en grupo con otros árboles
No es la intención de este artículo el análisis científico
del comportamiento del rayo en las tormentas eléctricas, cabe
aclarar que un rayo es la descarga natural de gran magnitud
entre nubes con una carga eléctrica distinta o entre una nube
y la tierra
Alguno de los efectos destructivos del rayo pueden ser de
características térmicas, eléctricas o mecánicas provocando,
por ejemplo, que la humedad de los materiales de construcción
se convierta en vapor de alta presión haciendo estallar al
hormigón; esto se debe a que existen dos tipos de rayo uno
frío, de alta tensión y corta duración, y el otro caliente,
de menor corriente y mayor duración. Este último es el que
da lugar a la mayor cantidad de incendios.
El legendario y olvidado pararrayos es necesario y obligatorio
especialmente en todos aquellos espacios de uso público y
concentración de personas, como son aeropuertos, shoppings,
supermercados, cines entre otros, ya que es responsabilidad
de los profesionales intervinientes en el proyecto de la obra
y de los comitentes propietarios de las mismas, prevenir posibles
accidentes protegiendo la vida de las personas que se encuentran
en dichos espacios.
Nuestro Código Civil define en su artículo 512 a la culpa
como "la omisión de aquellas diligencias que exigiere la naturaleza
de la obligación y que correspondiesen a las circunstancias
de las personas, del tiempo y del lugar".
Respecto de las viviendas, lo que importa es la seguridad
de quienes la integran; algo tan sencillo como colocar un
tanque de acero inoxidable a la intemperie sin estudiar la
necesidad, o no de colocar un pararrayos con la correspondiente
puesta a tierra puede ocasionar en segundos el recorrido de
la descarga a través de cañerías de agua, luz y gas
El Código de Edificación de la Ciudad de Buenos Aires expresa
respecto de los pararrayos que los mismos "deberán colocarse
sobre las partes más elevadas de un edificio, torres, tanques,
chimeneas, mástiles aislados, cumbreras de los tejados, parapetos
y bordes horizontales o terrazas".
Es cierto que las probabilidades de caída de un rayo, y especialmente
en algunas zonas, es poco probable; así el riesgo aumenta
a medida que salimos de la ciudad hacia zonas más despobladas.
El proceso aleatorio de la caída de un rayo y el costo del
sistema de protección no son aliados aconsejables de incluir
en el cálculo del riesgo a que están expuestas las vidas humanas
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