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En una nota anterior (¡¡¡NO
PIERDA LA OPORTUNIDAD!!!. ¡COMBATA UN INCENDIO!) se analizó
el proceso que cumple el desarrollo de un fuego: Debe encenderse,
desarrollarse, expandirse, mantenerse durante un cierto tiempo,
para finalmente extinguirse.
Para que un incendio tenga la personalidad que se merece, no sea
que se apague y se nos acabe el libreto, deberá haber suficiente
combustible, oxígeno, algo o alguien que encienda la llama, y
permita la posibilidad que se mantenga.
Ahora bien, quien quiera extinguir el fuego o el incendio, tratará
de apagarlo colocando barreras que impidan su desarrollo.
En nuestro caso, hemos definido a estas barreras como "oportunidades"
para extinguir el incendio.
1- La primera oportunidad que se vio
fue evitar el fuego en su totalidad. Supongamos, no obstante ello,
algo fracasó y se nos encendió la llama. Analizaré las restantes
oportunidades que se debe disponer para evitar su desarrollo.
2- Reducir el crecimiento y propagación
inicial del fuego. Aceptemos que es imposible la actividad
humana sin la presencia de elementos combustibles. No obstante,
hay oportunidades de reducir el crecimiento y propagación inicial
del fuego o reducir la gravedad de los incendios gracias al tratamiento
y manipulación de los materiales posibles de incendiarse.
Esta es una etapa donde los Higienistas tienen un rol educador
fundamental. Es la etapa de prevención por excelencia. Deben asesorar
y saber convencer como deben ser tratados, situados y operados
los materiales susceptibles de incendiarse, como así, conocer
materiales alternativos de menor riesgo. Deben estar preparados
para tratar con propietarios y empresarios, con diseñadores, si
el edificio está en etapa de proyecto, con Ingenieros Industriales
o de Procesos, con operarios que manipulan materiales, y con usuarios.
Esta etapa está relacionada a activas medidas de prevención que
toman los Higienistas. Deben evitar el fuego actuando sobre materiales
combustibles y los elementos de ignición.
Planificación, Orden y Limpieza son las máximas que deben primar
en esta etapa. Luego, papel, lápiz, y a recorrer, pensando como
redistribuir o sustituir materiales de manera que disminuya el
grado de riesgo. El objetivo: "evitar el crecimiento del fuego".
Les regalo las tareas. Con la Planificación, hasta deberán lograr
cambios de paradigmas profundamente arraigados en todos los niveles
jerárquicos, sea una corporación, una pequeña unidad productora
de bienes o servicios, o un edificio de departamentos.
Da igual, la resistencia al cambio es una característica de la
raza humana. En cuanto al "Orden y la Limpieza", al día siguiente
todo estará como ayer. Habrá que empezar de nuevo. Con la redistribución
de materiales, o reemplazo por alternativos, y el aislamiento
de los elementos de ignición, ocurrirá lo mismo.
En estas funciones, los Higienistas deben ser consecuentes y no
cansarse. La clave del éxito está en generar conciencia a los
directivos, responsables, usuarios, a todo el mundo.
Esta tarea no acaba nunca:
a) Planificar para lograr el objetivo
b)Llevar a cabo el plan, desarrollando conciencia, imponiendo
orden y limpieza, recorriendo, tomando nota de todo.
c) Verificar los resultados, tanto logros como dificultades.
d) Implementar reformas cuando los resultados de la gestión no
son los planeados.
Mmmm!!!. ¿Tiene esto un tufillo a Edwards Deming con su círculo
P.D.C.A. de la calidad?. El grado de éxito de los Higienistas
dependerá de cuan preparados se encuentren para transmitir la
necesidad de reducir la posibilidad de crecimiento del fuego,
y de la receptividad que obtengan, resultado del grado de aceptación
del concepto de riesgo.
Pero... algo falló, se inicia el incendio. Si esta etapa fue contemplada,
el fuego se encontrará con pocas posibilidades de crecimiento
y propagación. De lo contrario, este eslabón de la cadena de oportunidades
estará debilitado y nuestro incendio crecerá. Veremos que oportunidades
se nos presenta en la etapa siguiente.
3- Detectar el fuego en una fase inicial
Existen oportunidades para detectar el fuego en una fase inicial,
permitiendo una intervención eficaz antes que los daños producidos
lleguen a ser graves.
Gracias a la invalorable ayuda de la electrónica, disponemos de
sistemas que nos permiten a costos relativamente bajos obtener
dispositivos de alta confiabilidad. Los hay desde unos pocos pesos,
muy sencillos, hasta los más sofisticados, de costos considerables.
La "seguridad" de estos equipos está en la normalización, tanto
de sus dispositivos como su instalación. Argentina dispone una
norma IRAM, que puede ser de aplicación. No obstante, se la enriquece
con otras internacionales aceptadas en el medio.
Es incumbencia de los especialistas decidir qué sistema utilizar
y cómo deben operar. No se les ocurra contratar al chico de la
esquina que le instaló la alarma del auto. Tal vez él no considere
alguna variable y ustedes terminen alarmados. Cuando actúa el
sistema de detección estamos en una fase inicial del siniestro,
es probable que en esa etapa, según el riesgo que se trate, se
pueda actuar rápidamente con elementos simples y extinguir el
conato de incendio. Si tenemos éxito, éste se extingue. Si fracasamos,
el fuego crece, en consecuencia se deberá actuar con otras posibilidades
que se presentarán... Ya el incendio está dejando huellas.
4- Supresión automática o manual del
fuego En cuarto lugar, existen oportunidades para la supresión
automática o manual del fuego.
Desatado el incendio, fuera de control de nuestras manos, el sistema
de detección y alarma podrá seguir operando con otras funciones
de apoyo a esta "oportunidad".
La supresión automática o manual del siniestro presupone una instalación
acorde al riesgo. Ya el fuego está en plena acción, si los sistemas
son automáticos actúan solos, si son manuales deben ser operados
por personas entrenadas.
Para prever la acción y aprovechar esta oportunidad, actúan coordinadamente,
Higienistas, Proyectistas de instalaciones de supresión, Arquitectos
y/o Ingenieros.
La supresión automática o manual corresponde a una especialidad
de la Ingeniería muy específica, y requiere un conocimiento profundo
si es intención evitar problemas posteriores.
Recuerden: A veces se instalan caños de color rojo. En otras,
son caños especialmente diseñados para extinguir un incendio.
En Argentina, disponemos las Leyes 13.660 y 19.587 que tratan
las características de la supresión, pero alguno de sus criterios
deberán ser revisados. No nos olvidemos que sus Decretos Reglamentarios
tienen unos cuantos añitos, y no han sido actualizados.
Con el correr del tiempo se han modificado muchos criterios. Imagínense,
organizaciones como las "NFPA", o el "Instituto Mapfre Estudios"
emiten actualización de sus recomendaciones dos veces al año,
solo por citar a dos Entidades. No cabe dudas, están viejitas
nuestras Leyes, pero... peor, es no tenerlas.
En cuanto a las normas IRAM, el caso es similar. El Instituto
cuenta con normativas en materia de incendio que están en algunos
casos desactualizadas, en otros poco claras o contradictorias.
No obstante, sabemos que están trabajando sobre el tema.
Volvamos al fuego. Si nuestro hipotético incendio se extingue,
ya los daños son considerables. Si el sistema de supresión automático
o manual fracasa se debe, a no dudar, que el sistema instalado
presentó fallas de diseño o mantenimiento, o fue superado por
cuanto estaba previsto para un riesgo menor.
Comentarios de cierre
No sigo más, por hoy basta, se analizó la primera oportunidad
que se dispone para impedir el desarrollo de un incendio: Evitándolo.
Fallamos, el fuego se encendió. La segunda, hemos ubicado y seleccionados
materiales que dificulten el desarrollo del incendio. Poco sirvió...
El fuego, inmutable. Tercera, fue detectado, no lo pudimos extinguir.
Cuarta, actuó el sistema de extinción pero fue superado. Tenemos
aún dos oportunidades por aprovechar, de lo contrario chau edificio
y lo que tiene adentro.
Ing Héctor Kobersky
Especialista en asesoramiento, proyectos
de instalaciones contra incendios, evaluación de riesgos y homologación
de instalaciones
www.fontanasa.com.ar
Fonta@powernet.net.ar
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